16 octubre 2006

Chingadazos

Ayer mientras esperaba a Toño y Nadia (y a los que no sabía que vendrían) en las puerta de la catedral de la Ciudad de México, observaba a las gringas entrar en el Sagrado recinto sede de la fé mexicana (no es cierto, esa es la Básilica) por lo menos jerárquicamente; veía a los granaperros que bordeaban la misma catedral, con mirada de "que pinche calor", y a un skato que casi se rompe su madre al bajarse de su tabla al casi chocar con una viejita que salía del metro. Me llamó la atención que el dicho skato una vez que logró incorporarse (porque si se cayó) levantó airosa y altivamente la cara, miró de izquierda a derecha y viceversa para asegurarse que nadie lo había visto, aguantándose el dolor para demostrar al mundo su fortaleza a pesar del madrazo que se acababa de poner; y esto me trajo en mente las veces que uno inetnta hacerse el fuerte a pesar del dolor que uno sienta, sólo para que los demás no se burlen de tí.
Y es que el dar un espectáculo como un buen madrazo, una caida o algo chusco, el interprete de dicha acción, lo que menos intenta hacer es el mostrarse débil, para no ahondar la situación cómica que puede haber traido para los demás. Tendemos a sentirnos ofendidos en dichos casos si vemos que alguien nos observa(o) ajeno a nuestro entorno normal (lease cualquier pinche extraño que ande por ahí y haya visto lo que paso).
Hoy, que venía rumbo al trabajo, el metro en el que venía no tenia el clásico sonido de cerrar las puertas, por lo que se cerraban de chingadazo. En una de esas, un ñoriba con toda la calma del mundo esperando llegar al metro, ya que no escuchaba el sonido ese. Cuando estuvo a punto de llegar metió la mano en un movimiento normal y justamente en ese momento la puerta se cerró y se puso un chingadazo en la mano. La sacó una vez que se medio abrió la puerta y lentamente se llevó la mano a la bolsa, se fijo que nadie hubiese visto el madrazo y se voltió a caminar para que no lo vieran sobarse. Sólo me reí.
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