22 mayo 2007

Las cosas que extrañas cuando ya no estas...

Cuando una persona se va, siempre deja un enorme vacío. La sensación de pérdida de alguien puede llegar a ser un factor importante para las personas que diariamente conviven con él. Te acostumbras a ver y a hablar con esa persona; más reirte de ella y con ella de las cosas que pasan en la sala de juntas (en nuestro caso).
Éste el caso de un amigo del trabajo, que ha decidido ir a estudiar una maestría a la tierra del camote (Puebla) en Astrofísica en el INAOE; y por tal motivo tendrá que dejar el trabajo. Es grato recordar esos momentos en que la cama-camarad-camarón (alusión a una vez en que estábamos hablando sobre no sé que madres y mi cuate dijo que en la sala se sentía la cama-camarad-camarón y lo dijo como 3 veces por intentar decir camaradería, fue muy cómico) es demasiada; cuando los problemas. Los chistes en la sala, ya lo he mencionado, están a la orden del día, a cada momento e instante pueden salir las alusiones de cosas que decimos, los albures, los juangabrielazos, las declaraciones de amor a un compañero (por confusiones de idioma y pronunciacion), las ofertas a wawis si algo queda, las mamadas inspiracionales, los hebillazos, las joterias, los gritos de sorpresa, los malos amigos, las apuestas para ver a que horas llega Rodolfo, las anécdotas de zurrancho en el coche, etc..
Es dificil decirle adios a alguien con quien te llevas bien, con el que trabajas y convives con el que bromeas y te ayudas. Que te vaya chido en todo lo que hagas (ya sabes quien eres...). Suerte
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