30 agosto 2006

¿Y si va a París?

Ayer, después de muchos años de ver una serie que me pareció interesante en su trama, el comportamiento de sus protagonistas y su tentativa de "ser como el hombre", quedé sonriente al ver el final de Sex and the City, y es que sucede que de una u otra forma las tentavias de vivir una vida nueva alejado de lo conocido siempre resuenan en la mente de las personas en cada nuevo momento que se cruza por la larga avenida de la vida. Y es así, que después de seis largos años de ver una serie, ésta llega a su fin.
Hace dos años que en una de mis listas de correo me resumieron el capítulo anterior al final, cuando Carrie le dice a Bick que la deje en paz, que está harta de estarlo esperando, de que arruine su vida y que se irá a París con Alec Petrovsky (el Ruso). Es en esa parte donde uno se refleja como persona intentando seguir la vida y dejar el pasado atrás, dándose cuenta de que el pasado es sólo eso; una historia propia que vemos y que nos sirve para aprender.
Pero, ¿qué tan latente queda el pasado en el futuro, en el presente y en las acciones que nos moldean? A lo largo de la serie, vemos la evolución de las chicas, de máquinas de coger a personas con sentimientos que valoran a los otros. Que se demuestran a si mismas que no son ni mejores ni menos que los hombres, sino que son iguales pero distintas.
Es ahí donde la serie culmina, con una decepción por parte Carrie y su nueva vida, añorando su pasado, su vida, la vida que dejó atrás y mostrándonos que si bien es bueno volver a mirar atrás, recapacitar y cambiar a lo que uno siempre quiso.
Más vale tarde que nunca.
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