22 junio 2006

Tarde Table

La adrenalina que precede al hecho de asistir a un table es mucho mayor y más placentera que cuando estás en él, salvo cuando una vieja te esta bailando o estás en un privado; pero siempre resulta un poco fome el hecho de estar en el lugar tomando y viendo mujeres despojarse de sus mínimas ropas al ritmo de la música (sería mucho mejor si estuvieran con más ropa, más exitante creo yo). El hecho es que ayer fuimos a la hora de la comida a un lugar llamado Chateau ubicado por acá, por Insurgentes sur y Barranca (la dirección la pueden encontrar en http://www.chateau-insurgentes.com.mx) con la firme idea de ir a ver el fútbol y comer el buffet por la módica cantidad que nos había informado un flyer; como extra estaba el hecho de que había mujeres guapas y buenas para que la estancia fuera más agradable (a quien quiero engañar, queríamos ver viejas) como las chicas que repartían dichos volantes promocionales.
Entramos al lugar, bastante oscuro como es en esto antros y nos dispusieron una mesa frente a la pista-escenario-corredor que albergaba tras de él una pantalla gigante que transmitía el partido Argentina-Holanda; las chicas alegres sentadas en dos mesas comentando cosas que sólo ellas sabían a sabiendas que ninguno de los asistentes al lugar les prestaría atención mientras el juego se desarrollaba frente a ellos. Nos dispusimos a comer después de pedir unas bebidas que entraban en la barra libre y que muy pocas opciones brindaban (Tequila y Guacardí Blanco), y resultó para sorpresa de todos que la comida era en verdad demasiado buena, más de lo que se podía esperar.
Terminó el primer tiempo y un breve espectáculo por una chica rubia oxigenada comenzó, no bailaba demasiado bien, pero tenía con que defenderse. A la segunda canción comenzó a despojarse de su pequeño vestido para quedar sólo con la tanga muy sugerente. Todos esperábamos ver lo que seguía y cual sería nuestra sorpresa al descubrir que sólo terminaba ahí el especráculo. Se reanudó el partido que terminó sin pena ni gloria y el baile de las chicas comenzó; una flaquita de muy buen ver, una caderona que parecía molinillo y una más que tenía unos cuartos traseros impresionantemente buenos.
Dos compañeros pidieron un baile que no resultó lo que cualquiera hubiese esperado, rápido y con poco agarre. Pedimos la cuenta para ver que no se habían manchado los weyes en propinas y demás madres como acostumbran hacer en esos lugares. Salimos del lugar no satisfechos completamente salvo por lo barato y lo bueno de las chicas. Faltó algo, ese momento en que ellas llegan y se te sientan en las piernas, platicas y si te cae bien te la llevas al privado, faltó eso.
Pero aún así, es más chido decir "Vamos a un table" que ya estar en uno.
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