12 septiembre 2005

Otro más de tarjetas.

Mi papá solía decir que si quería algo, juntara y me lo comprara. Que no pidiera fiado ni prestado porque siempre resultaba peor y luego no tenías con que pagar. Crecí con la pelea jurada de las tarjetas de crédito, cosa que hasta estos días continua.
El jueves de la semana pasada, tres días antes de que el clásico América- Guadalajara fuera, afuera del trabajo se pusó un módulo de tramitación de tarjetas Banamex, cosa que no es rara si tomamos en cuenta que trabajo en Banamex. Resulta pues, que dichas tarjetas que se tramitaban eran las de equipos de fútbol y tenían como logo principal al América. Salimos a comer normalmente y a mi regreso, el tipo que las tramitaba se acercó a mí ofreciéndome la tarjeta, cosa que por ende mandé al diablo y continué caminando a la puerta dejando al tipo con las palabras en la boca. Subí a mi lugar y continué jugando lo que faltaba de mi hora de comida.
Pocos minutos después mi compañero subió con un boleto de estadio que me enseñó; era del clásico al que ansiaba ir. Le pregunté que como lo había sacado, de dónde y me contestó que se lo habían dado tramitando su tarjeta de crédito de los Pumas (nada que ver con el boleto). Seriamente dudé en bajar y tramitar la mía para ir al juego, pero finalmente la tentación cedió. Lo que hacen por que uno tenga tarjeta.
Además de eso, hoy me enteré que mi jefe debe 8,500 de pura tarjeta (sólo una) y aparte lo de la otra. Eso, más comisión, más intereses, más tanta mamada que no te cobran porque ya no pueden meterlo en el recivo da una suma verdaderamente exhorbitante que ni siquiera disfrutas cómodamente de lo que compraste. Es mejor aguantarse un rato en lo que juntas y dsifrutarlo un poco más, a esperar a que llegue la factura de las compras con tarjeta.
En fin.
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