22 abril 2005

Post mortem

La fama es algo que todas las personas en el mundo buscamos, ya sea fama de buen amante, o de buen estudiante, o de buena bailarina o de algo; el caso es que la fama es una de esas cosas que sin duda alimentan a nuestro ego lo suficiente para seguir buscando más y más.
Cuando algunas personas se vuelven famosas, o con cierta fama, es lógico que serán acarreadas por la vida como buenas e importantes personas que hacen algo, que hicieron algo o que debido a su trayectoria harán algo importante. Hay miles de personas que son así, pero un grupo muy especial es de los famosos muertos.
Esto es así, fueron tolerantemente populares en la vida, pero no para trascender en la misma; pero en cuanto mueren, todo lo que hicieron se eleva por las nubes tomando el curso de "obras divinas" y por tal surgen los llamados cultos de adoración a ellos. Un ejemplo más que evidente es Kurt Cobain, vocalista de Nirvana que sin duda fue un mago en todo el ámbito musical que infundió, pero después de la noticia de su muerte (apenas el 7 u 8 de este mes, la verdadera fecha es incierta) es cuando las verdaderas cualidades musicales de él son "evidentes" para todos los críticos de música y chorrocientas mil personas que sin duda alguna vez lo oyeron.
No sólo es eso, sino el lucro que trae consigo la vida después de la muerte; Selena vendio miles de copias de sus discos después de ser asesinada, cientos de son "boxes" son editadas cada periodo determinado de tiempo para resacar las versiones originales de Nirvana, o de los Beatles. La fama después de la muerte, un asunto de dinero sin duda, pero también de ingratitud; ahora vayámonos al otro lado de la moneda, famosos científicos que son olvidados después de morir, dejando en manos del mundo valiosas curas para enfermedades, productos de tecnología o miles de cosas (Pasteur, Holerith, etc.).
La farándula vive, aún después de la muerte.
Publicar un comentario