28 diciembre 2004

Año nuevo vida nueva

A escasos días de terminar otro año, es cuando comenzamos a preguntarnos que tanto de lo que hicimos en todo el transcurso del año moribundo fue realmente fructificante o que sencillamente tuvo algún valor; si todo lo que hicimos o no hicimos tuvo consecuencias gratas o ingratas... una serie de reflexiones que sin duda nos atormentan hasta el último día del año cuando al sonar las doce campanadas anunciando al nuevo año tenemos la costumbre de olvidarlas para dar paso en la mente a la nueva serie de propósitos a cumplir, sin tomar en cuenta los errores y/o reflexiones que momentos antes ocupaban un lugar primordial en nuestra cabeza.

Y esto es siempre así, olvidamos todo lo que hicimos, como si se tratara de una mancha que quitamos y pasamos sobre ella olvidando que alguna vez estuvo ahí. No tenemos ningún valor por la experiencia de nuestras acciones (por lo menos en la época actual son pocos lo que recapacitan sobre algo).

No podemos vivir olvidándonos del pasado y actuar como si nada nos importara en un futuro. La naturaleza humana ha cambiado mucho y tal vez por eso es que no existan momentos de recapitulación, el mundo se mueve muy rápido y el que se queda un momento no avanza... pero tampoco avanza el que sólo sigue la inercia de las cosas sin ver las consecuencias.

Es momento de pensar en que es lo que hemos hecho y sacarle el mejor provecho que tengamos... aprender de nuestros eroores y de los de los demás, porque tu propia vida no alcanzará a experimentar todo. En este año que viene, lo mejor es vivir con experiencia y no preocuparnos tanto por cumplir una serie de propósitos que a final de cuentas no acabamos cumpliendo y se vuelven parte de las reflexiones de fin de año del próximo año nuevo.

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