28 agosto 2016

Del recuerdo y la vida después de la muerte

Hace doce años que mi papá murió, en julio 6. Hace diez que terminamos relaciones con ese lado de la familia después de la traición de mi media hermana... pero la vida sigue. Conforme pasa el tiempo te das cuenta de muchas cosas que sin duda no ves igual que antes, que incluso te hacen dudar de tí y de lo que has hecho como persona; de tus triunfos y fracasos y eso que al final dice de tí.
Hoy, después de casi igual cantidad de años regresamos a uno de esos lugares donde íbamos a comer después de salir de clases: unos huaraches y quesadillas en la séptima sección de San Juan de Aragón, frente al mercado y en una placita que siempre ha existido. Y comimos como antes, mi hermana Irlanda, mi mamá Rebeca y yo.
Después para seguir con las cosas del pasado, fuimos donde mi papá compraba cuentos: esas historietas que me acompañaron en mi crecimiento, que forjaron mucho de lo que soy y mi mirada del mundo: El Libro Vaqueo, especial de Policías, El Solitario... sensacionales de ficheras, el de Lucha Libre, el Así Soy y Qué, el Hombres Ilustres; mi favorito el Pantera y alguno que otro Fantomas. Sí, soy hijo de las historietas mexicanas también como los cómics y los libros. una vicisitud de muchas cosas.
Y fue cuando sucedió lo que nos trajo ese recuerdo. La señora que atendía se acordaba de mi mamá y le dijo que se acordaba de mi papá. Que se acordaba cuando compraba los cuentos, que era muy buen cliente... Años enteros de eso y la señora se acordaba. Fue lindo escuchar eso y recordar que mucho de mi actual imaginario fue por lo que esa señora le vendía a mi papá y que yo leía bajo su permiso y hasta a escondidas.
El tiempo pasa pero los recuerdos y lo que hicimos queda en otros también.
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